Download PDF by Enrique D Dussel: 1492: El encubrimiento del otro: hacia el origen del 'mito

By Enrique D Dussel

ISBN-10: 9589307035

ISBN-13: 9789589307038

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Es esta Historia ordinary una disertacion en los angeles que David Hume recoge en apretada sintesis lo que a lo largo de los siglos han sido las principales manifestaciones del fenomeno religioso. Tras seguir los angeles evolucion a partir de las primeras muestras de creencia politeista hasta el monoteismo mas sofisticado, quedan senalados en el libro los efectos generales que se derivan de los angeles actitud religiosa, sin olvidar las de-formaciones a que historicamente ha dado lugar.

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L. a. aparición en castellano de l. a. biografía de Macey, constata el paulatino interés que despierta l. a. personality de Michel Foucault, a quien atribuimos una obra filosófica que figura en el anaquel de grandes del pensamiento.

A cualquier amante de tan electrizante producción, semejante proliferación biográfica le resulta tan paradójica, como quizá enojosa. El hombre que reclamó su derecho a despojarse del conjunto de roles que solidifican un yo, los angeles escritura que analizó con insistencia los mecanismos de elaboración del sujeto, parece traicionado al sometérsele a ese ejercicio de disección, siempre morboso, que es los angeles biografía.

Gabriel Albiac, comentando l. a. sólida biografía de Lacan escrita por Roudinescu, observaba que éstas suelen devenir a menudo, en consuelo de incapaces. Hurgar en l. a. vida privada de un gigante del pensamiento termina invariablemente en determinarlo por mediocres asuntos de entrepierna. Deporte fascinante para una sociedad que acostumbra a cultivar su narcisismo, constatando el origen spoil de todo lo chic. l. a. historia crítica se fusiona con el truth convey, los angeles genealogía con el nihilismo chabacano: Nietzsche lo preveía con estremecedora lucidez en l. a. segunda intempestiva. los angeles obra de James Miller (The ardour of Michel Foucault) es un dechado insuperable de los referidos despropósitos.

La biografía de Didier Eribon (Foucault, Anagrama) es un poderoso libro drásticamente ajeno a tan deplorables ejercicios; es además una adecuada introducción al pensamiento de un Foucault reverenciado como maestro y recordado como amigo. David Macey conserva el tono del periodista francés; en un trabajo bien cortado que, desde su título, se propone no violentar el ejercicio de dispersión ético-teórica que zigzaguea l. a. travesía intelectual del responsable de Historia de los angeles sexualidad.

Son varias las vidas de Michel Foucault. Resulta poco convincente el individuo que en sus últimos años proporciona una reconstrucción retrospectiva de su obra y su acontecer existencial, («Cada uno de mis libros es una parte de mi propia biografía») y el que se revolvía en los angeles Arqueología del saber («No me pregunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable: es una ethical de estado civil los angeles que rige nuestra documentación. »). Tampoco seduce igual el individuo que merece que Perry Anderson le llame tecnócrata por unas declaraciones a Caruso, y el que defiende, casi schopenhauerianamente, una articulación política desde el sufrimiento de los gobernados. Aunque resulta indudable que hay una hebra que recorre su trayectoria, no es los angeles misma sensibilidad los angeles que reclama los angeles desindividualización, en los angeles introducción al Antiedipo y los angeles que convierte el autodominio en condición de no sometimiento del otro. Foucault confunde, como pocos, al lector desprevenido. Quizá porque se encadenó fervientemente al espíritu de su tiempo (Habermas). Y si el tiempo de Foucault fue todo, excepto coherente y pausado, no pudo ser de otra manera: Feuerbach ya nos enseñó que una sensibilidad privilegiada se muestra en los angeles capacidad de dejarse perforar por su external.

Un chaval que quiere ser buen comunista, un agregado cultural en Uppsala, un compañero de viaje de «Gauche proletarienne», un enemigo del pacto de gobierno socialista con el PCF. Distintas vidas entrelazadas por un riguroso trabajo de insumisión frente a los diversos dispositivos de producción de homogeneidad. Homogeneidad insupportable que él nos enseñó a situar, no en un ajeno bloque opresor, sino cerca, muy cerca: ese débil sujeto que piensa y resiste está trágicamente moldeado con el mismo fabric de aquello a que se opone. De l. a. razón que se constituye sobre l. a. exclusión (Historia de los angeles locura) a su estoicismo tardío, pasando por el plúmbeo estructuralismo de Las palabras y las Cosas, y el irritado escalpelo de Vigilar y Castigar, una misma lección, sintetizada con envidiable belleza por R. D. Laing: «Permanece de lleno en el idioma de los angeles cordura, mientras socava las presuposiciones de sus propios cimientos».

Macey no renuncia a criticar, desde discutibles presupuestos, algunos aspectos del compromiso político de un Foucault, eficazmente contextualizado por el autor, en los angeles tormentosa trama del gauchisme francés. l. a. quandary de éste se consuma con el advenimiento de los nouveaux philosophes. Foucault, que en más de un aspecto estuvo comprometido con sus tesis fundacionales, no dejó que l. a. histeria antimarxista le arrastrase a convertirse en «filósofo funcionario del sistema democrático» (Ewald). Y es que los angeles trayectoria política de este estoico libertino y activista no resulta menos rescatable que su apabullante trabajo intelectual.

En l. a. vida privada de este antihumanista, que combatió sin descanso el sufrimiento evitable, entra Macey con muchas menos precauciones que Eribon. El lector no puede evitar escuchar las resonancias de su singladura afectiva en l. a. postrera admiración con que Foucault rescata los angeles relación de dependencia griega entre maestro y discípulo. Relación orientada a convertir los angeles dominación en interacción simétrica soportada en una amistad franca. Sólo por ayudar a intuir el espacio important que acompañó a sus últimas reflexiones éticas, merece los angeles pena acercarse al libro de Macey, que sin embargo no resulta nada remarkable en l. a. reconstrucción teórica de autor (con los angeles excepción quizá, de su capítulo sobre l. a. experiencia de los angeles literatura como transgresión, en el proceso de formación del pensar foucaultiano).

«Las rules no gobiernan el mundo. Pero precisamente porque el mundo tiene principles (. .. ) no es dirigido con pasividad por sus gobernantes o por quienes quieren enseñarles lo que deben de pensar de una vez por todas». Palabras justas de un pensador que sigue siendo imprescindible para aquello que el inolvidable Marcuse señaló como tarea apremiante: los angeles construcción de una subjetividad rebelde.

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Esa conquista era sumamente violenta. De los primeros aliados de Cortés en Zempoala no quedó nadie -una peste aniquiló aquella numerosa, fres______________ bre y por peste" (Torquemada, Op. , cap. 1; p. 312). La proporción es casi exactamente la de la Guerra del Golfo de 1991: murieron unos 120 marinos de Estados Unidos, y más de 100 mil soldados de Irak, sin contar civiles, ni los que murieron posteriormente por luchas fraticidas, hambre y enfermedades. En 500 años la violencia "moderna" guarda la misma proporción.

Además, anota Torquemada que en 1485 se consagró el "templo mayor" de los aztecas en México (Op. , Prólogo; p. 8). ). Lejos estamos de aprobar ninguna de las interpretaciones de Torquemada -ya que hace pasar al conquistador como libertador, como también lo interpretará Ginés de Sepúlveda-, sólo queremos 41 años para estudiar letras en Salamanca. Pero poco tiempo después, "cansado de estudiar y falto de dinero"5, en vez de partir a Nápoles salió hacia las Indias, llegando en 1504 -un año después que Bartolomé de las Casas, y en el mismo año que llegaron los primeros esclavos africanos a la Hispañola-.

Tomaré vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé, y os tomaré vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere" 5. Por supuesto que el indio nada podía comprender de lo que se le proponía. Desde su mundo mítico, después de la derrota, sus dioses habían sido vencidos "en el cielo" -diría Mircea Eliade-, ya que vencidos estaban los ejércitos indios (los del azteca Moctezuma o del inca Atahualpa) "en la tierra", en el campo de batalla. El imaginario indígena debía incorporar -como era su costumbre, por otra parte- a los "dioses" vencedores.

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by Richard
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